Siempre he sido admirador de la cultura Huanca, por su alegría para vivir, el balance natural que tienen entre el trabajo y su vida personal, por la gran capacidad comercial, por las riquezas de su región desplegada entre sierra y selva; en fin tantas cosas; por las que su ciudad principal Huancayo debería haber despegado como lo está haciendo por ejemplo Arequipa en el sur, pero eso no está sucediendo.
Es indudable que la cercanía a la gran Lima a pasado de ser una oportunidad a una desgracia. La región centro ha ido creciendo hasta donde su único medio real de transporte a Lima (La Carretera Central) le ha permitido, pero ya no más. Cada verano un viaje a Huancayo que dura aproximadamente 6 horas, puede extenderse fácilmente más del doble de tiempo, provocando malestar entre las personas, perdiéndose los bienes perecibles, incrementando los costos logísticos, deteriorando el servicio al cliente, retrasando el crecimiento de una región que también es el Perú, y que, desde hace varias décadas merece una autopista.
El tren es una vergüenza, es el mismo servicio que experimenté cuando tenía 8 años (hoy tengo 45), no se ha modernizado tecnológicamente a la par de medios de transporte similares en el mundo. No tenemos un buen aeropuerto que nos ponga a 30 minutos de Huancayo.
Lima donde no solamente está el gran mercado de la zona centro, donde tienen la puerta de salida para sacar sus productos al mundo (Callao), esta Lima que colaboró en su crecimiento, es también la que regenta el poder. Poder que dirige el lento, burocrático, y corrupto despliegue de la infraestructura del Perú, infraestructura que se ha convertido en el "Cuello de Botella" de desarrollo para el centro nuestro país. Lima cree que es el Perú, y que el Perú es Lima; si una ciudad tan cerca a la capital no tiene respuesta con una obra que se cae de madura desde hace décadas, ¿cómo serán las demás ciudades del país? Arequipa está creciendo, Cusco a pesar de no aprovechar sus ventajas comparativas está creciendo, entonces; estar cerca de la indiferente Lima ¡se está tornando una desgracia!
No se puede seguir esperando más, el desarrollo de la infraestructura es una necesidad imperante para el centro del país, debe de hacerse si o si, con la participación de las instituciones públicas y privadas que puedan hacer llegar su reclamo, su necesidad, su mensaje a los poderes del Estado, para que realmente se den cuenta que el Perú está más allá de la metrópoli, y devolverles la oportunidad de construir no sólo el crecimiento, sino el desarrollo que el centro del país se merece.
Oscar Mansilla Alza
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